Parece que de nuevo confundo conceptos. Me suena mejor estirar conceptos y añadirles valores, o mejor dicho propiedades. Y todo ese alejamiento de artes escénicas por necesidad de las circunstancias. Bueno, os dejo aquí mi poema favorito de esa autora polaca “Cebolla”, de un título que pretende, intencionalmente desorientar, para luego llevar al lector a una original y poética comparación, cebolla – persona. La cebolla se conoce profundamente – dice Szymborska, y nada más fácil, como por dentro y por fuera es igual, las mismas capas, mismo color, misma estructura. Pero eso es lo que le permite no tener miedo de sí misma. Nosotros, los humanos, muchas veces por fuera y por dentro no nos parecemos absolutamente. Hay en nosotros vergüenza, confusión, incertidumbre, el miedo  que no deja unificarse con la parte exterior. ¿Qué elegir? ¿Una cebolla ideal – estable, prudente y estática? o ¿un humano perplejo, cambiante y tan interesante?

CEBOLLA

La cebolla es otra historia.
No tiene entrañas la cebolla.
Es cebolla cebolla de verdad,
hasta el colmo de la cebollosidad.
Por fuera cebolluda,
cebollina hasta la médula,
podría escrutar su interior
la cebolla sin temor.

En nosotros extranjería y salvajismo
apenas cubiertos por la piel,
el infierno de la medicina interna,
anatomía violenta,
y en la cebolla, cebolla
y no sinuosos intestinos.
Reiteradamente desnuda
y hasta el fondo asíporelestilo.

Ser no contradictorio la cebolla,
logrado ente la cebolla.
En una, simplemente otra,
la mayor una menor contiene
y la siguiente a la siguiente,
y así la tercera y la cuarta.
Fuga centrípeta.
Eco concertado en coro.

Lo de la cebolla, eso sí lo entiendo,
el vientre más bello del mundo:
se envuelve a sí mismo en aureolas
para su propia gloria.
En nosotros: grasas, nervios, venas,
secreciones y secretos.
Y se nos ha denegado
la idiotez de lo perfecto.


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