Os presento a Blas. A Blas le gusta dormir hasta la sobredosis, chapotear por los charcos para llenarse de barro y mojarse hasta las orejas. Le gusta rascarse por las mañanas y roncar por las noches. Le gusta robar los bocadillos tirados por los niños del colegio de al lado de su casa. Le gusta aparentar que nunca ha comido, es decir; le gusta dar pena. Sí, dar pena es lo suyo. Blas es un engaño personificado. Tima a cualquiera; gracias a ello tiene esa barrigota que parece un barril lleno, además de comida, de hierbas naturales de las que nunca habéis oído, de todas clases de césped y muchas cosas sin identificar que a pesar de todos mis esfuerzos a veces pesca por la calle. Eso sí, Blas es un auténtico yonkie de la naturaleza, hipi en las playas, en el monte y en el campo. Le chifla todo lo maloliente: las boñigas de las vacas, el estiércol de los caballos y de todo tipo de ganado; Blas no discrimina. Siempre abierto a nuevas experiencias.

 

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